Una historia de sustos…ahora que se acerca Hallowe’en

halloween Siguiendo con las actividades relacionadas con nuestro proyecto “Un Torrent…de talents”, nos acercamos a una talentosa profesora y escritora, nacida en nuestra ciudad y a uno de sus relatos:

S.O.S. ( por AMPARO BAVIERA PUIG)

“Estoy emocionadísima. Sara y su marido se han comprado una casa nueva y nos han invitado a todas las amigas esta noche a una barbacoa para su inauguración. No la he visto todavía pero me ha dicho que es una de las casas más grandes de una de las urbanizaciones próximas a la ciudad. Además, según ella, es preciosa y se encuentra en perfecto estado. No entiende cómo el precio de compra ha sido tan bueno y beneficioso para ellos.

Ideando maldades, se me ha ocurrido hacer creer al resto del grupo que la casa está encantada. Pensando en quién me puede ayudar, hablé ayer por teléfono casi a medianoche con Ágata, que siempre se apunta a un bombardeo. Le encantó la idea y se sumó en seguida.

A lo largo del día de hoy, hemos ido concretando cómo lo vamos a hacer. A la pobre Ágata la he frito a correos electrónicos al trabajo comentando posibles ideas. Yo he propuesto apagar las luces de vez en cuando y dar golpes dentro de la casa mientras los demás están en la terraza preparando la barbacoa. Ágata ha sugerido que, después de todo eso, entren en la casa con las luces apagadas y aparezca ella misma envuelta en una sábana blanca, iluminándose la cara con una linterna. Me parece un plan estupendo.

A quién no le parece tan buen plan es a la dueña de la casa. Sara, por supuesto, se une y contribuye a crear miedo pero no está muy convencida. Se lo he notado en la voz al hablar con ella por teléfono. Ya he quedado con ella en que Ágata y yo iremos antes de la hora convenida con el resto del grupo para escondernos y así poder llevar a cabo el plan. Ya le he dicho a mi marido que Ágata y yo hemos quedado con un amigo que acaba de ser papá para darle la enhorabuena y que iremos más tarde a la cena. De momento, ¡se lo ha creído!

Estoy impaciente por la llegada de Ágata con el coche para ir a ver al supuesto amigo que acaba de ser papá. Cuando llega, me cuenta que viene de la ferretería de comprar la linterna para poder pegar el susto. De la sábana blanca me encargaba yo pero no he encontrado ninguna. El plan B es pedirle una a Sara.

Por el camino, nos partimos de la risa pensando en la cara que van a poner los demás. A pesar de todo, Ágata no tiene muy claro que vaya a salir bien. Me ha preguntado unas cuantas veces cuántos años tenemos. Aunque sobrepasamos los 30, mentalmente puede que tengamos entre unos 8 y 12 años, a elegir.

Al llegar a casa de Sara, nos encontramos con su marido Pedro y con su hermano Gabi. Los dos están enterados de la trama fantasmagórica y van a participar en ella. Acordamos que cuando nosotras apaguemos las luces desde dentro, ellos dirán que los dueños anteriores les dijeron que eso era normal y que también se oían ruidos.

Sara nos enseña su preciosa casa y Ágata y yo buscamos como locas un lugar dónde escondernos para que no nos vean los demás. Finalmente, decidimos escondernos detrás del armario de la última habitación de la casa. Ocultamos también nuestros bolsos dentro de ese armario.

Cuando empiezan a llegar los demás invitados, Ágata y yo corremos a nuestro escondite. Esperamos allí pacientemente a que lleguen todos. Por una vez en nuestra vida, creo que somos puntuales. Sara les enseña la casa. Al llegar a la habitación donde nosotras estamos, se cuida mucho de no aproximarse demasiado para que no nos vean. Nosotras aguantamos la respiración como podemos. ¡Qué nervios!

Cuando, por fin, salen del dormitorio, nos damos cuenta de que nos encontramos debajo del cuadro de luces de la casa. ¡Qué casualidad! Hemos elegido el mejor lugar sin saberlo.

Primer apagón. Se oyen gritos fuera de la casa, en la terraza. Oímos a Sara como tranquiliza a los demás diciendo que eso es habitual. Los dueños anteriores ya le avisaron de que eso era frecuente. Vuelven las luces. Suspiros de alivio.

Segundo apagón. Los gritos apenas se oyen pero son como suspiros. De nuevo, Sara le resta importancia. Esta vez tardamos más en devolver la luz. Escuchamos como Pedro sugiere sacar las cartas del tarot y encender unas velitas. Me acerco a uno de los armarios del salón y cierro una puerta con un golpe brusco. Los demás preguntan qué ha sido eso. Al cabo de un rato, encendemos las luces de toda la casa.

Tercer apagón. Silencio profundo. Sara nos envía un sms al móvil: “Estoy impresionada. Están asustados. Pensaba que no iba a funcionar…”. ¡Objetivo conseguido! Vamos bien, vamos bien. Vuelvo a dar otro golpe brusco con la puerta de un armario de la cocina. Nuevamente, otro silencio. Otro golpe. Escuchamos las risas fáciles y asustadas de nuestras amigas y de sus maridos. Sara y Gabi tranquilizan el ambiente como pueden. Ágata me mira muerta de risa y me confiesa que ella tampoco se acaba de creer que se estén espantando tanto. Imagino que estar fuera en la terraza sin saber lo qué ocurre, debe estremecer bastante. Además, la casa se encuentra en una urbanización en medio del campo. Como aún no es junio, hay muchas casas vacías todavía. No es como si estuviéramos en la ciudad rodeados de gente.

Cuarto apagón. Silencio profundísimo. Golpe en la cocina y otro en el salón. Nuestras amigas empiezan a levantarse de las sillas nerviosas. Gabi les anima a entrar dentro de la casa y ver qué ocurre. Ellas asienten valientes pero con la boca pequeña. Ágata se prepara para su momento estelar. Coge una colcha llena de polvo que cubre un mueble y se envuelve con ella. Coge la linterna y se la coloca debajo de la cara. Se posiciona al lado de la puerta sin ser vista desde el pasillo. Yo sigo detrás del armario. Enciendo las luces.

Gabi entra en la casa con Marina, Rita e Inés. Cuando se encuentran a mitad del pasillo, apago las luces. La reacción de cada una de ellas es diferente. Rita sale corriendo de la casa horrorizada. Sin embargo, no sé muy bien cómo, Gabi es capaz de retener a Marina e Inés. En ese momento, Ágata aparece por la última puerta del pasillo envuelta con la colcha e iluminándose la cara con la linterna diciendo: “¿Quién es?”, con voz de ultratumba.

Los gritos que Marina e Inés pegan son de película de terror. Estoy segura de que se han escuchado en toda la urbanización. Sus maridos entran corriendo para ver qué ha pasado. Ágata y Gabi no son capaces de aguantarse la risa y están casi llorando. Yo tampoco soy capaz de estar más tiempo detrás del armario. Nos vemos todos en el pasillo y nos empezamos a reír.

Nos contamos mutuamente la versión subjetiva de los hechos. Los que sabíamos la verdad de la historia estamos llorando de la risa. Los demás están indignados pero también se ríen con nosotras. El truco ha estado en aguantar tanto tiempo. Hemos estado más de una hora apagando y encendiendo las luces. Si quieres dar un susto, no es normal esperar tanto para hacer temblar al otro.

De tantas lágrimas derramadas, necesito un pañuelo así que voy a buscar mi bolso al armario donde los escondimos. Al abrir la puerta, me encuentro con una cara humana blanquecina en la pared del armario, iluminada con luz propia y que parece que está tratando de decirme algo.

Me caigo al suelo del susto. Ahora mismo, mi cara puede que sea igual de blanca o más que la del muerto que está queriendo hablar conmigo. No puede ser… ¿Por eso la casa ha sido vendida a tan buen precio? ¿Qué les digo a los demás? ¿Quién me va a creer ahora? ”

amparo babiera foto Amparo Baviera Puig (Torrent, Valencia, 1981). Es profesora de la Universidad Politécnica de Valencia en el Departamentos de Economía y Ciencias Sociales en el área de marketing. Posee un Máster en Dirección de Comunicación y Nuevas Tecnologías de la Fundación COSO y realizó sus prácticas en la Cámara de Comercio de Santa Cruz en Bolivia. Participó en el libro colectivo ‘Valencia Criminal’ (El Full, 2010) junto con otros escritores de género negro.

Otros relatos de la autora: “La Navidad sigue aquí”